jueves, 15 de agosto de 2013

Del modo en que me gustas.

Del modo en que me gustas... No sé qué hora es. Me siento, no cerca no lejos, involuntariamente te miro. Aunque no sabría decir qué tan involuntariamente...
Me gusta mirarte, sólo eso.
Me gusta mirarte porque cuando te tengo enfrente no hay algo que me parezca más interesante.
Del modo en que me gustas, realmente no interesa si yo te gusto... Porque del modo en que me gustas, no hay necesidad de pertenencia, ni de correspondencia. Me gustas íntegro...
Del modo en que me gustas, me siento cómoda. Te miro y pienso en hablarte, pero no lo hago porque no es necesario. Del modo en que me gustas, nisiquera te conozco. Pero te he visto sonreír y me he emocionado, te he visto caminar y sin quererlo te sigo, con los ojos, con los pies, y con ése algo que no sabría decir qué es.
Te he visto mirarme, supongo que lo has notado. Porque el gusto que encuentro en tu existencia es algo que no se oculta fácilmente. Enserio me gustas...
C.P

sábado, 3 de agosto de 2013

Días así

Hoy llovió, a cántaros, diría. Hoy mojé mis botas favoritas, pisé en un charco, bueno más bien una especie de arroyuelo que caía calle abajo. Se mojó mi cabello, se esponjó. El viento olía a geosmina y las gotas en mi rostro sabían un poco a sal. Hoy corrí por la calle entre las luces de los autos y el consante golpeteo de las gotas en la acera. Sonreía, pues te imaginaba en algún lado, resguardándote de la lluvia bajo un tejado, o corriendo por la calle, o bailando, incluso te imaginé besando otros labios húmedos y fríos, extraños. Y sonreía porque me gustó pensarte, allá donde fuera.

martes, 16 de julio de 2013

Pasó

Esque quizá hago mal, definitivamente hago mal, porque él nisiquiera sabe lo que pienso, que le pienso. Pero mejor que se vaya, que haga cosas y ande con otras gentes. Que yo ya no lo quiero aquí, no así. Para eso me basta con su aroma en mis dedos.
Pasó.... Creo
como pasan la mayoría de las cosas buenas
sin que uno se dé cuenta.

Después de todo

 Después de todo tenías razón... No fui hecha yo para quererte, ni tú para quererme de vuelta...Yo fuí hecha para el olvido. Y tú, tú fuiste hecho para que yo escribiera las mejores cartas, poemas y notas en el refrigerador. Para que yo aprendiera a besar y a dar los buenos días... Para que yo aprendiera a olvidar.

lunes, 8 de julio de 2013

Caminando

Cómo te quise, querido, cuando tuve ganas y te tuve a tí... Dulce la coincidencia ésa, de toparme contigo aquel día. A la orilla del río las frutas son más frescas. Dijiste cosas tontas y reí. Dijiste que mis piernas eran perfectas, y que tus manos estaban hechas para mi cintura. Y yo te creí, porque me gusta creer esa clase de cosas. Me gusta creer que si bailo, es porque me gusta y no sólo porque hay música. Caminamos río abajo, desde el encuentro hasta el adiós, caminamos tomados de la mano y del alma. Podía sentir tu pulso con mis dedos. Y no te miré por un buen rato, por miedo a toparme con algo que me gustara. Pero puedo jurar que sonreías... Yo lo hacía.
Y caminamos por el patio de la casa, en círculos para hacer tiempo. Bailamos en el porche al canto de los grillos. Polillas revolotenado alrededor de la lámpara. A media noche me gustaron más tus besos.
Y nos hicimos compañía hasta encontrar que estábamos sólos. Que no era yo sin tí, ni tú sin mí. Nos hicimos compañía hasta acostumbrarnos a estar juntos. Luego nos hicimos falta...
Me gusta pensar que tú me conoces. Que te gusta mi risa, y lo que la provoca. Me gusta pensar que te gusto desnuda, lo mismo que tapada; que te gusto desde ayer y que te gustaré mañana; que haces cosas buenas donde quiera que estés, y que me extrañas.

domingo, 7 de julio de 2013

De bailar descalzos y comer manzanas

Te ví caminando, descalzo sobre el pasto verdecito, fresco y aromático. Y yo giraba, giraba porque es lo que mejor hago cuando estoy feliz. Eso y cantar, tararear canciones sin sentido para tí, mover mis dedos de los pies, y saltar, reírme y robarte besos. Te ví sonriendo y no supe si besarte o darte de comer... Manzanas gigantes, de esas que me gustan, de esas que sólo hay en mis sueños. Pero qué te voy a platicar si ya lo sabes. Me visitas cada noche al cerrar los ojos. Me visitas y te quedas hasta la mañana. Y el solecito en mi espalda me regala tus besos... Las cortinas y su baile de los buenos días. Pienso en tí, porque es lo que mejor hago. De todas las cosas del mundo, de todo aquello que podría hacer, te elijo a tí, como verbo y sustantivo, adjetivo. Con sólo escribir tu nombre me siento que escribo la mejor historia. Y te leo y te escribo en todos lados para que no te me olvides.
Y no me preguntes por qué te siento tanto... Es que tú no te has visto a tí mismo cuando me miras. Tú no te has visto con mis ojos... Te siento, porque no te amo, ni te quiero, o necesito. Te siento, como ese viento que me mueve el pelo, como el calor del mediodía. Así te siento. Te siento tanto...
Ayer escuché un gorrioncillo cantar. Creí que eras tú. Le dí semillitas y agua, y lo dejé volar. Porque, para qué quiero yo que se quede siempre conmigo, si no lo sabré cuidar.
Así que aquí me tienes, sonriendo para tí, porque es lo que mejor hago cuando siento tanto que no quepo en mí... Sonreír. Y te regalo mis brazos aunque no los quieras. A ratos se abren y a ratos se cierran. Te regalo mi pecho para que duermas. Mientras esperamos a que se nos pase... A que llueva y decidas besarme.

Niña


Siempre quise ser feliz.
Siempre lo he querido...
Dice mi madre que luego.
El tiempo siempre es el pretexto...
el que no es, el que ya pasó y el que no se tiene.
Caen las hojas lentas como párpados al sol,
así mismo caen las horas.
El olor a fresa de tus labios
ese me falta...
Niña ven a verme, te he extrañado.
Trae contigo el tiempo que perdimos
y una canasta con fruta...
Trae tus besos siempre dispuestos...
Tráelos.
Niña quiero verte, corre desnuda como siempre
tu piel de perla, tus pies descalzos...
Los vellos en tus muslos...


Niña ven.

viernes, 21 de junio de 2013

Cartas al diablo



Casi puedo verte aproximándote hacia mí. Casi puedo sentir mi corazón golpeando fuerte, como si quisiera escaparse. Pensamientos fugaces, detonando como fieles recordatorios de que siempre estarás ahí. En ese hueco entre mi espalda y mi pecho. Haciéndome tuya entre demonios, los tuyos y los míos.
Siempre te quise más de lo que tú a mí. Eso lo supe desde el principio, que así sería. Desde el día en que me quitaste el cabello del rostro para decirme “eres bonita”. Cuando casualmente tu sonrisa se topó con la mía. Cuando la lluvia nos mojó, y a besos nos secamos. .. Desde entonces.
Si quieres irte, puedes hacerlo. Siempre podrás. Ve a buscar cosas, encuéntrate en otros lados y con otras gentes… Con otros besos. Aunque nisiquiera estoy segura de que alguna vez hayas estado aquí, conmigo. A decir verdad creo que siempre estuviste con ella... Ella, nisiquiera le sé el nombre, pero debió ser buena. Quizá ella supo cómo hacerse de tus besos, cómo quitarte el aliento y cómo dártelo, luego te robó el alma. A ella, aunque jures odiarla la querrás siempre. Porque ella es como tú a mí. Así te acompaña.
Mírame, a estas horas de la madrugada, con insectos revoloteando alrededor de la lámpara, café frío, y tu fantasma a lado mío. Si me supieras aquí pensando en ti. Nada anormal. Salvo que estoy intencionada a soltártelo todo de una vez, de una buena, para ver si con todo ese cúmulo de represiones te largas. Estúpido intento será, al igual que todos. Eso supongo.
Te he escrito centenares de cartas que jamás leerás. Mejor dicho me las he escrito. Me las he guardado todas, todo lo guardo. Te dije alguna vez cuanto te quise?, no, cuanto me quise a tu lado, cerca, pero no del todo, en ti, pero afuera, así como tú estás conmigo, lejos , pero aquí... Te lo dije?
Y justo en esta maldita noche se me antojó evocarte. Ahora cuando la luna está vestida de fiesta, y parece que el viento me trae tu olor a cigarro. En algún lado has de estar fumando, con otra, entre sábanas quizá. O quizá pienses en ella como yo en ti. Quizá estés con el rostro sobre tus rodillas, en el suelo húmedo y frío, pensando por qué ella lo hizo… Por qué.
No me he gastado ninguna lágrima en ti. Nisiquiera cuando escucho esas canciones, esas con las que me besaste los ojos y la frente, los labios… El alma. No te lloraré, no creo que lo haga. Pero secretamente estoy rogando que regreses, que te quedes para siempre conmigo y me quieras, que me des los besos que nos faltaron y me hagas el amor a solas,  sin esos demonios que te acompañan.
Nunca supe bien que fue lo nuestro, “lo nuestro”, suena ridículo. Nunca supe qué fue lo mío contigo. No me importó, nunca pregunté. Me limité a acoger tus caricias, y tus risas cuando estabas de buenas. Tu calidez de medio turno. Y a aceptar que era feliz contigo.
Cómo te explico que me duele tu nombre. Me duele mi cintura si no están tus brazos. Que me dueles…
Si grito tu nombre vendrás?...
Deja que alguien más lo intente, que intente exorcisarte. Pero esfuérzate, dale besos hasta que tus labios se cansen, mírala con detenimiento, seguro es bella. No hagas lo que hiciste conmigo. Sé que puedes hacerlo mejor.
Mañana parto a ese lugar donde ella te dejó. Esperaré por alguien que me saque.  Llevo dos de tus libros favoritos.
Quiéreme. No te olvides de mí. Quiéreme siempre. A medias,  pero quiéreme.

jueves, 20 de junio de 2013

Te extraño, me extraño.

Es curioso como en este momento, el peso de todo lo que no hice y no te dije cae sobre mi pecho. Cuando uno muere todo el tiempo perdido parece acercarse violento, y esque uno no muere de otra cosa sino del tiempo perdido, de ese que se fué y no regresará mas que para escupirte en la cara…Ayer pensé en tí… No te lo dije. Siempre amé tu alma libre, tu coraje y tus besos, de esos que duelen… Amé los silencios largos después del sexo, incluso la forma en que la luna te acariciaba la espalda al alejarte creyendo que yo dormía. Amé que jamás fueras mío, ni de nadie… Amé el dolor en tus ojos, y ese tono un tanto gris en tus labios.
No creo extrañarte a donde vaya. Pero ahora, justo ahora, te extraño.

Aún así...

A veces dije cosas sin sentido como,”hola”, queriendo decir “te extrañé”. A veces detrás de un “mira, está lloviendo” se escondía un “bésame”. Pero no lo notaste. Y esque estoy tan acostumbrada a esconder esa clase de cosas. Tengo tantos “te quiero” guardados, algunos besos y arranques, mariposas y demonios, abrazos repentinos y golpes en la cara. Tengo toda una colección de estupideces que no dije o hice y que se volvieron más estúpidas al guardarlas. Estoy como un relleno sanitario a punto de reventar.
Se supone que si yo me iba, tú me seguirías. Sin importar qué. Pero no lo hacías, jamás lo hiciste. Si yo callaba, preguntarías. Cuando parecía distraída, debiste besarme. Bueno, nada de eso pasó. Quizá debí pedirlo. Quiza debí escribir una carta formal con quejas y sugerencias. Quizá yo debería venir con un manual de instrucciones. Quizá debería tener un letrero en la frente que diga “demasiado complicada”, “manténgase lejos”, “no mirar a los ojos”, “reina del drama”. Quizá tú debiste ser más observador. Quizá deberías tener un letrero que diga “tibio”, “irresoluto y cobarde”, “de todas, de nadie”.
Quizá yo debería dejar de escribir sobre tí. Mírame, pudiendo escribir sobre cualquier otra cosa. Pero me gusta usarte para ignorar el mundo y todo lo inimaginable y maravilloso, que al parecer, junto a tí no tiene importancia. Me gusta sentirme grande en este pequeño universo que eres tú y todos esos sentimientos ridículos que te acompañan hacia conmigo.
Quizá debería mudarme de ciudad y cambiar de alma. Quizá debería encencenderle fuego a todo ese cúmulo de represiones y anhelos mediocres. Quizá debería olvidarte, olvidarme de mí recordándote. Quizá debería matarlo de una vez por todas. Ese algo en el cual me hago y me deshago, me formo y me destrozo, me ahogo. Pero no.
Supongo que me gustas así. Lejano y marchito, reseco. La tristeza te queda bien, y supongo que la libertad, mejor. He notado que me gustas más cuando estás lejos. He notado que te pienso un poco más cuando es de noche.
Pero no te apures, cada que duermo se me pasa. Además de ésto jamás saldrá nada. Porque me conozco cobarde, y te conozco común.
 Y todo lo cobarde y común jamás llega a nada.

Pienso en tí


Desperté esta mañana, abri mis ojos lentamente y giré sobre mi cuerpo esquivando la luz del sol que entraba por la ventana, estiré mis brazos extendiéndolos detrás de mi cabeza. Me quedé asi tres segundos, quieta, con la nuca sobre mis manos y mis dedos de los pies deseando asomarse entre las sábanas. Me estiré una vez mas, emitiendo un sonido apretado, ese sonido que, creo yo, todos hacen cuando se estiran.
Pensé algunos segundos en ti, sonrei levemente y miré hacia la ventana, esta vez sin esquivar la luz del sol... Cerré mis ojos, los abri, me senté ahi sobre la cama, giré y bajé mis piés temerosa del suelo frio, cautelosa busqué con ellos debajo de la cama intentando encontrar mis zapatos, senti algo, mis zapatos, los arrastré con mis dedos, meti mis piés en ellos y me puse de pié.
Pensé en ti una vez mas... Di un vistazo a todo en la habitacion, siempre lo hago, como si no conociera el lugar donde duermo... A un lado de la cama habia un cuaderno azul y, en el piso un lápiz, los tomé, me senté y comencé a escribir.
Aun pensaba en ti. La punta del lápiz se quebro, busqué otro lápiz y escribi nuevamente. Habria escrito apenas algunos renglones cuando la punta del nuevo tambien se quebro. Me desesperé, fui a la sala y busqué entre los cajones del pequeño librero algo con que escribir, encontré un lapicero y corri a la habitacion apresurada, reteniendo mis ideas para que no volaran. Pensé en ti, todo se fue.
Decidi escribir, mejor dicho, describir lo que hago y la manera en que me interrumpes. No es que me queje, mira que no me molesta.
Pero aun pienso en ti.

miércoles, 19 de junio de 2013

Señorita Pan


Recuerdo que cuando era niña le repetía mucho a mis papás cuánto los amaba, "de aquí a la luna", decía. Nunca faltaban besos en la mañana, ni abrazos de koala. Recuerdo que cuando sonreía, abría mi boca tanto que se me podía ver la campanilla. Recuerdo haber llorado varias veces cuando me caía, y que mi mamá, con su infinita ternura, me daba besitos para que me curara, y eso, lo juro, era mucho más efectivo que cualquier curita o visita al doctor. Recuerdo haberle sonreído a cientos de extraños en la calle. No recuerdo haber dicho ni una sola vez "estoy cansada".
Tengo, quizá exagero, meses sin decirle a mi mamá que la quiero. Jamás he vuelto a decir a nadie "te quiero de aquí a la luna". Me cuesta mucho trabajo decirle a las personas que las necesito, siendo que de niña lo repetía todo el tiempo y con tanta facilidad. Ahora soy la señorita "yo lo puedo todo". No recuerdo el momento preciso en que los besos matutinos acabaron. No recuerdo cuándo es que aprendí a fingir una sonrisa, cuándo dejé de llorar por los golpes, ni cuándo mi mamá dejó de curarme con besos.
Crecí tan rápido y no me dí cuenta... Y me dá miedo.
No quiero pensar que algún día despertaré a los 70 años incapaz de recordar en qué momento me convertí en alguien tan vieja. No quiero tener que hacer cuentas para acomodar años perdidos y llenar un hueco en mi vida.
Pero supongo que así será, supongo que un día despertaré con más arrugas en mi rostro, que tiempo.  Pensando, en qué momento llegué hasta aquí, justo así como lo hago ahora.

lunes, 27 de mayo de 2013

Nunca hay título

Siempre he creido que las personas vemos nuestros problemas más graves de lo que realmente son, los guardamos como fieles recordatorios de la perra vida que hemos llevado. Nos amargamos, nos volvemos hostiles y desconfiados, perdemos la fé poco a poco... Y no sólo eso, si solo fuera eso estaría bien, pero pareciera que nos empeñamos en hacer que los demás lo noten, que vean lo secos y dañados que estamos, como si la amargura fuera proporcional a la sabiduría o experiencia, como si fuera signo de lo fuertes que somos y de lo mucho que hemos tolerado. Nosotros, los amargados, justificamos nuestra falta de calidez en las malas experiencias, muchas veces actuamos con frialdad e indiferencia ante el dolor ajeno. Asumimos que es natural , y que cualquiera pudo, puede y podrá sufrir por algo igual o peor. Subestimamos el sufrimiento de los otros, incluso el nuestro. Dejamos de esperar, y de creer y de llorar... algunos se pudren.
Siempre he admirado a las personas que sonríen, y que lloran, a aquellos que ante los ojos de muchos parecen ingenuos; a aquellos que se permiten creer y desepcionarse, que caen y se levantan, como si nada hubiera pasado, como si no supieran que frente a ellos hay otra piedra y volverán a tropezar...
Nunca quise perder mi vulnerabilidad... quisiera llorar cuando alguna amiga me cuenta que su novio terminó con ella, cuando alguien me habla sobre los problemas que tiene con sus padres, o sobre sus complejos y carencias. Pero no puedo. Y me siento culpable, y me desespero por no saber qué decir. Yo no sé consolar, soy de las personas que intentan hacerle ver a las personas la insignificancia de su problema, que comparan su situacion con otras mas graves. Yo subestimo el dolor ajeno y me creo que he pasado por todo eso y más, siento sobre mis hombros el peso de la experiencia, y doy consejos que nisiquiera son dignos de llamarse consejos. Argumento estupidez y media... Quisiera llorar por mí, porque estoy seca... pero estoy demasiado seca para hacerlo.
Quisiera dejar de odiar y sentir resentimiento. Quiero entender que ser duro no es lo mismo que ser fuerte.