miércoles, 19 de junio de 2013
Señorita Pan
Recuerdo que cuando era niña le repetía mucho a mis papás cuánto los amaba, "de aquí a la luna", decía. Nunca faltaban besos en la mañana, ni abrazos de koala. Recuerdo que cuando sonreía, abría mi boca tanto que se me podía ver la campanilla. Recuerdo haber llorado varias veces cuando me caía, y que mi mamá, con su infinita ternura, me daba besitos para que me curara, y eso, lo juro, era mucho más efectivo que cualquier curita o visita al doctor. Recuerdo haberle sonreído a cientos de extraños en la calle. No recuerdo haber dicho ni una sola vez "estoy cansada".
Tengo, quizá exagero, meses sin decirle a mi mamá que la quiero. Jamás he vuelto a decir a nadie "te quiero de aquí a la luna". Me cuesta mucho trabajo decirle a las personas que las necesito, siendo que de niña lo repetía todo el tiempo y con tanta facilidad. Ahora soy la señorita "yo lo puedo todo". No recuerdo el momento preciso en que los besos matutinos acabaron. No recuerdo cuándo es que aprendí a fingir una sonrisa, cuándo dejé de llorar por los golpes, ni cuándo mi mamá dejó de curarme con besos.
Crecí tan rápido y no me dí cuenta... Y me dá miedo.
No quiero pensar que algún día despertaré a los 70 años incapaz de recordar en qué momento me convertí en alguien tan vieja. No quiero tener que hacer cuentas para acomodar años perdidos y llenar un hueco en mi vida.
Pero supongo que así será, supongo que un día despertaré con más arrugas en mi rostro, que tiempo. Pensando, en qué momento llegué hasta aquí, justo así como lo hago ahora.
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