viernes, 21 de junio de 2013

Cartas al diablo



Casi puedo verte aproximándote hacia mí. Casi puedo sentir mi corazón golpeando fuerte, como si quisiera escaparse. Pensamientos fugaces, detonando como fieles recordatorios de que siempre estarás ahí. En ese hueco entre mi espalda y mi pecho. Haciéndome tuya entre demonios, los tuyos y los míos.
Siempre te quise más de lo que tú a mí. Eso lo supe desde el principio, que así sería. Desde el día en que me quitaste el cabello del rostro para decirme “eres bonita”. Cuando casualmente tu sonrisa se topó con la mía. Cuando la lluvia nos mojó, y a besos nos secamos. .. Desde entonces.
Si quieres irte, puedes hacerlo. Siempre podrás. Ve a buscar cosas, encuéntrate en otros lados y con otras gentes… Con otros besos. Aunque nisiquiera estoy segura de que alguna vez hayas estado aquí, conmigo. A decir verdad creo que siempre estuviste con ella... Ella, nisiquiera le sé el nombre, pero debió ser buena. Quizá ella supo cómo hacerse de tus besos, cómo quitarte el aliento y cómo dártelo, luego te robó el alma. A ella, aunque jures odiarla la querrás siempre. Porque ella es como tú a mí. Así te acompaña.
Mírame, a estas horas de la madrugada, con insectos revoloteando alrededor de la lámpara, café frío, y tu fantasma a lado mío. Si me supieras aquí pensando en ti. Nada anormal. Salvo que estoy intencionada a soltártelo todo de una vez, de una buena, para ver si con todo ese cúmulo de represiones te largas. Estúpido intento será, al igual que todos. Eso supongo.
Te he escrito centenares de cartas que jamás leerás. Mejor dicho me las he escrito. Me las he guardado todas, todo lo guardo. Te dije alguna vez cuanto te quise?, no, cuanto me quise a tu lado, cerca, pero no del todo, en ti, pero afuera, así como tú estás conmigo, lejos , pero aquí... Te lo dije?
Y justo en esta maldita noche se me antojó evocarte. Ahora cuando la luna está vestida de fiesta, y parece que el viento me trae tu olor a cigarro. En algún lado has de estar fumando, con otra, entre sábanas quizá. O quizá pienses en ella como yo en ti. Quizá estés con el rostro sobre tus rodillas, en el suelo húmedo y frío, pensando por qué ella lo hizo… Por qué.
No me he gastado ninguna lágrima en ti. Nisiquiera cuando escucho esas canciones, esas con las que me besaste los ojos y la frente, los labios… El alma. No te lloraré, no creo que lo haga. Pero secretamente estoy rogando que regreses, que te quedes para siempre conmigo y me quieras, que me des los besos que nos faltaron y me hagas el amor a solas,  sin esos demonios que te acompañan.
Nunca supe bien que fue lo nuestro, “lo nuestro”, suena ridículo. Nunca supe qué fue lo mío contigo. No me importó, nunca pregunté. Me limité a acoger tus caricias, y tus risas cuando estabas de buenas. Tu calidez de medio turno. Y a aceptar que era feliz contigo.
Cómo te explico que me duele tu nombre. Me duele mi cintura si no están tus brazos. Que me dueles…
Si grito tu nombre vendrás?...
Deja que alguien más lo intente, que intente exorcisarte. Pero esfuérzate, dale besos hasta que tus labios se cansen, mírala con detenimiento, seguro es bella. No hagas lo que hiciste conmigo. Sé que puedes hacerlo mejor.
Mañana parto a ese lugar donde ella te dejó. Esperaré por alguien que me saque.  Llevo dos de tus libros favoritos.
Quiéreme. No te olvides de mí. Quiéreme siempre. A medias,  pero quiéreme.

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