lunes, 8 de julio de 2013

Caminando

Cómo te quise, querido, cuando tuve ganas y te tuve a tí... Dulce la coincidencia ésa, de toparme contigo aquel día. A la orilla del río las frutas son más frescas. Dijiste cosas tontas y reí. Dijiste que mis piernas eran perfectas, y que tus manos estaban hechas para mi cintura. Y yo te creí, porque me gusta creer esa clase de cosas. Me gusta creer que si bailo, es porque me gusta y no sólo porque hay música. Caminamos río abajo, desde el encuentro hasta el adiós, caminamos tomados de la mano y del alma. Podía sentir tu pulso con mis dedos. Y no te miré por un buen rato, por miedo a toparme con algo que me gustara. Pero puedo jurar que sonreías... Yo lo hacía.
Y caminamos por el patio de la casa, en círculos para hacer tiempo. Bailamos en el porche al canto de los grillos. Polillas revolotenado alrededor de la lámpara. A media noche me gustaron más tus besos.
Y nos hicimos compañía hasta encontrar que estábamos sólos. Que no era yo sin tí, ni tú sin mí. Nos hicimos compañía hasta acostumbrarnos a estar juntos. Luego nos hicimos falta...
Me gusta pensar que tú me conoces. Que te gusta mi risa, y lo que la provoca. Me gusta pensar que te gusto desnuda, lo mismo que tapada; que te gusto desde ayer y que te gustaré mañana; que haces cosas buenas donde quiera que estés, y que me extrañas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario