Siempre he creido
que las personas vemos nuestros problemas más graves de lo que realmente
son, los guardamos como fieles recordatorios de la perra vida que hemos
llevado. Nos amargamos, nos volvemos hostiles y desconfiados, perdemos
la fé poco a poco... Y no sólo eso, si solo fuera eso estaría bien, pero
pareciera que nos empeñamos en hacer que los demás lo noten, que vean
lo secos y dañados que estamos, como si la amargura fuera proporcional a
la sabiduría o experiencia, como si fuera signo de lo fuertes que somos
y de lo mucho que hemos tolerado. Nosotros, los amargados, justificamos
nuestra falta de calidez en las malas experiencias, muchas veces
actuamos con frialdad e indiferencia ante el dolor ajeno. Asumimos que
es natural , y que cualquiera pudo, puede y podrá sufrir por algo igual o
peor. Subestimamos el sufrimiento de los otros, incluso el nuestro.
Dejamos de esperar, y de creer y de llorar... algunos se pudren.
Siempre he admirado a las personas que sonríen, y que lloran, a aquellos que ante los ojos de muchos parecen ingenuos; a aquellos que se permiten creer y desepcionarse, que caen y se levantan, como si nada hubiera pasado, como si no supieran que frente a ellos hay otra piedra y volverán a tropezar...
Nunca quise perder mi vulnerabilidad... quisiera llorar cuando alguna amiga me cuenta que su novio terminó con ella, cuando alguien me habla sobre los problemas que tiene con sus padres, o sobre sus complejos y carencias. Pero no puedo. Y me siento culpable, y me desespero por no saber qué decir. Yo no sé consolar, soy de las personas que intentan hacerle ver a las personas la insignificancia de su problema, que comparan su situacion con otras mas graves. Yo subestimo el dolor ajeno y me creo que he pasado por todo eso y más, siento sobre mis hombros el peso de la experiencia, y doy consejos que nisiquiera son dignos de llamarse consejos. Argumento estupidez y media... Quisiera llorar por mí, porque estoy seca... pero estoy demasiado seca para hacerlo.
Quisiera dejar de odiar y sentir resentimiento. Quiero entender que ser duro no es lo mismo que ser fuerte.
Siempre he admirado a las personas que sonríen, y que lloran, a aquellos que ante los ojos de muchos parecen ingenuos; a aquellos que se permiten creer y desepcionarse, que caen y se levantan, como si nada hubiera pasado, como si no supieran que frente a ellos hay otra piedra y volverán a tropezar...
Nunca quise perder mi vulnerabilidad... quisiera llorar cuando alguna amiga me cuenta que su novio terminó con ella, cuando alguien me habla sobre los problemas que tiene con sus padres, o sobre sus complejos y carencias. Pero no puedo. Y me siento culpable, y me desespero por no saber qué decir. Yo no sé consolar, soy de las personas que intentan hacerle ver a las personas la insignificancia de su problema, que comparan su situacion con otras mas graves. Yo subestimo el dolor ajeno y me creo que he pasado por todo eso y más, siento sobre mis hombros el peso de la experiencia, y doy consejos que nisiquiera son dignos de llamarse consejos. Argumento estupidez y media... Quisiera llorar por mí, porque estoy seca... pero estoy demasiado seca para hacerlo.
Quisiera dejar de odiar y sentir resentimiento. Quiero entender que ser duro no es lo mismo que ser fuerte.
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