domingo, 7 de julio de 2013

De bailar descalzos y comer manzanas

Te ví caminando, descalzo sobre el pasto verdecito, fresco y aromático. Y yo giraba, giraba porque es lo que mejor hago cuando estoy feliz. Eso y cantar, tararear canciones sin sentido para tí, mover mis dedos de los pies, y saltar, reírme y robarte besos. Te ví sonriendo y no supe si besarte o darte de comer... Manzanas gigantes, de esas que me gustan, de esas que sólo hay en mis sueños. Pero qué te voy a platicar si ya lo sabes. Me visitas cada noche al cerrar los ojos. Me visitas y te quedas hasta la mañana. Y el solecito en mi espalda me regala tus besos... Las cortinas y su baile de los buenos días. Pienso en tí, porque es lo que mejor hago. De todas las cosas del mundo, de todo aquello que podría hacer, te elijo a tí, como verbo y sustantivo, adjetivo. Con sólo escribir tu nombre me siento que escribo la mejor historia. Y te leo y te escribo en todos lados para que no te me olvides.
Y no me preguntes por qué te siento tanto... Es que tú no te has visto a tí mismo cuando me miras. Tú no te has visto con mis ojos... Te siento, porque no te amo, ni te quiero, o necesito. Te siento, como ese viento que me mueve el pelo, como el calor del mediodía. Así te siento. Te siento tanto...
Ayer escuché un gorrioncillo cantar. Creí que eras tú. Le dí semillitas y agua, y lo dejé volar. Porque, para qué quiero yo que se quede siempre conmigo, si no lo sabré cuidar.
Así que aquí me tienes, sonriendo para tí, porque es lo que mejor hago cuando siento tanto que no quepo en mí... Sonreír. Y te regalo mis brazos aunque no los quieras. A ratos se abren y a ratos se cierran. Te regalo mi pecho para que duermas. Mientras esperamos a que se nos pase... A que llueva y decidas besarme.

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